La política hace extraños compañeros de cama.

Otra chapuza: la Corrida de la Prensa. Toneladas de carne y cuernos y ni un ápice de bravura. Uno piensa si es esa, precisamente, la situación de la prensa española, salvo honrosísimas excepciones que tendrán ustedes delante de los ojos con sólo hojear este papel. La Corrida de la Prensa es una ocasión magnífica para «hacer pasarela», que decía Umbral. ¡Dios Santo qué montón de recuerdos y de momias, mucho más viejos que los viejísimos toros de Montecillo. Batacazo del ganadero y de El Cid y Jiménez: Fandiño se salvó de la quema por la espectacularidad de un espadazo ladeado; oreja de guerrillero. De haber Oreja de Oro, como era tradicional en este festejo, yo se la daría a Fandiño. Mas, para orejas de oro anda la Asociación. Bastante hace con cubrir las necesidades médicas y no siempre; y no señalo porque está feo. Quien jamás se pegan el jaulazo son algunos colegas, mande quien mande: de fracaso en fracaso hasta el triunfo final.

La política hace raros compañeros de cama; la política, el periodismo y….los toros. Para las cosas de cama no hay que buscar pretextos, todo vale y ya dijo el poeta «a batallas de amor, campos de plumas»; todo vale con tal de que la cama sea cómoda. O incómoda, da igual. Alguien escribió también que los periodistas somos como putas, comparación inexacta que agravia a las rameras. Aunque, por una particularísima idea economicista de las leyes del amor, nunca fui de putas, conozco a algunas maravillosas. Pídanle ustedes a Enrique Aguinaga, mi historia del Café Lyon en La Ilustración de Madrid, y la que va a salir del Café de Gijón, y se convencerán. A Aguinaga no lo ví ayer por el 9 ni por el 10, donde apremiado por el atasco de los vomitorios, logré acomodarme. Tampoco vi a la doctora Freitag, ángel fiel de los escribidores.

Volviendo a rameras y periodistas, en un país machista con solera, las putas son parte del equilibrio ecológico. En la historia del Lyon y del Gijón, al que la señora alcaldesa quiere dar matarile, aparecen Domingo Ortega, Luis Gómez El Estudiante, El Albaicín y otros toreros, con lo cual esta autorreferencia, aparte de la propaganda de La Ilustración, de Aguinaga, está justificada. Todo es cuestión de lenguaje. El lenguaje nos define. Por ejemplo, el discurso de José Tomás en el Paquiro. La revista Artez me ha pedido un juicio escénico y estilístico de ese discurso. Lo haré . Tres libros he dedicado a analizar el fenómeno tomasista/ tomista y quizá nunca lo ví tan claro como en la pieza oratoria del otro dia en la Bolsa. Por mucho que divaguen alguno tomistas recientes, los/las que dijeron de Espartaco lo mismo que dicen ahora de Tomás, la cosa cambia. Y luego nos quejamos de que el lector de a pie diga que los/las periodistas somos como putas.

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