29 mayo 2015

Cuando se toma el café con leche

Hoy tomamos café con Lech, bromeaban los colegas que se arruinaban en la cafetería del centro de prensa. A las diez y cuarto de una mañana resfriada por el viento del norte, llegaba Lech Walesa, presidente de Polonia, premio Nobel de la Paz, obrero de los astilleros de Gdansk, donde muere el Vístula, y sepulturero de la primera democracia popular del Este. Este que quiere ser Papa civil de Polonia y al que su pueblo no le concede la infalibilidad, se bajó del automóvil. Allí estaba el ministro Virgilio Zapatero, el comisario Emilio Cassinello e incluso el comandante Payseo, mano derecha del capitán general de la Región Sur. La bandera blanquirroja de Polonia se elevó por el mástil, mirada con pasión por el que fue indiscutido presidente del sindicato Solidarnosc (Solidaridad). Nunca le habíamos visto así, en directo. 

La verdad es que es bajito y, a pesar de su traje de faena de presidente de Polonia, por las arrugas de las mangas y los perniles de los pantalones gritaba su verdadera y noble condición de «currante» de a pie. Tarareando el himno nacional entre el labio inferior y el mínimo bigote pelorrubio, fue obligado por el tirano del protocolo a pasar revista a los reclutas. Luego, acompañado por la comitiva, guarecido del mundo por una red tupida de gorilas inmensos, este primer jefe de Estado que se decide a dar lustre a la Expo visitó el monasterio de la Virgen de las Cuevas, pabellón Real. 

No es el de Czestochowa, pero, bueno, según contaba un comerciante de sherry, ya había escuchado misa en Varsovia a las cinco de la mañana. Es que el domingo es fiesta de guardar y eso en Polonia cuenta. En Polonia hay casi tantas vírgenes como en este Sur, incluso hay una «Venecia de las marismas», como podría ser la aldea del Rocío aquí. Y hay uros salvajes en Bialowicza, que no son toros de lidia pero son feroces. Danuta le seguía a todas partes, pero en su papel de dama de la patria. Mientras tanto, la organización era un poco desastre. Los desesperados reporteros gráficos trifulcaban contra la desidia, mientras los plumillas, menos acongojados, paseaban los dos kilómetros hasta el Palenque. 

No había autobuses. Como no dejaron acompañar al que ha dicho que «quiere ser un dictador en aplicación de la democracia», tuvimos que esperarle junto al Duque de Alba en las escalinatas que circundan las carpas. Mientras, lo que tenía que ocurrir ocurría: allí bailaron campesinos polacos danzas cuyo nombre ha resultado realmente indescifrable. Junto a ellos, los mimos, quietoscomo lagartos, no se sabía muy bien si animando el cotarro o boicoteando la dosis de folklore. Y luego vino un hombre, una atracción callejera de la Expo, se puso a hacer pompitas de jabón y le inundó la cara con tres o cuatro de ellas a Jesús Aguirre, invitado especial de Walesa, al que recibió, para escarnio del alcalde Rojas Marcos, en mitad del Palenque como primera autoridad del día. En el escenario había un conjunto muy aseado de lo que parecían polichinelas y princesas medievales, todas resplandecientes de tules y gasas, cantando como hadas de cuentos bálticos. Llegaron los discursos. 

El primero, el del padre prior, Emilio Cassinello. Aprovechó para citar a Churchill y su telón de acero, que la intérprete oficial bautizó luego como «cortina de hierro», una traducción más propia de un hombre de astillero. Se tuvo que citar a Nicolás Copérnico, «of course», a «madame» Curie en su apellido polaco, a Kantor y a Chopin. Luego vino el ministro, pero, como el comisario le había dejado sin cancha cultural, se refugió en los tópicos de siempre, que si 1992, el Descubrimiento, el encuentro de los mundos, la amnesia de la España cañí y la revelación de la España de González. Walesa, finalmente, tuvo el sentido común de agradecer lo que le han regalado, el pabellón de Polonia, que en alto porcentaje ha sido cargo de la organización, el hizo hincapié en la Polonia de la rebelión humana contra la sumisión y la opresión. 

Sí, es cierto, una vez fue Polonia, ahora mina del catolicismo, asilo de los herejes. ¿Política? Más tarde, en conferencia de prensa. Luego, visita al pabellón, almuerzos, actos y actos, y, según su cortejo, a la noche, quizá un paseo por la feria, a olvidarse del wodka, el winiak y la borchtch, y a tomarse dos loros -finos consecutivos migadis con jamón de Jabugo- en los mares de albero de Alcalá, donde a las sevillanas es posible sumarle polonesas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario