BMW el coche más placentero para ser conducido

A día de hoy ya existen coches capaces de entender que algo no va bien con su conductor y de reaccionar para evitar algún mal mayor. BMW y Mercedes tienen, en sus modelos más sofisticados, sistemas que monitorizan el nivel de cansancio de quien conduce, sea a través de los movimientos oculares o por medio de la utilización del volante.

Este es un campo que tiene mucho terreno por donde evolucionar y que culminará en sistemas inteligentes capaces de reducir la velocidad del vehículo durante una llamada por teléfono en la que el conductor esté exaltado o incluso de poner la canción preferida de los pasajeros en circunstancias más relajadas.

Esta sincronización del estado de ánimo del conductor y de su coche es viable a través de la medición de parámetros emocionales y psicológicos. Es pura tecnología y servirá, en otras áreas, para que una máquina de venta de entradas acelere el proceso cuando «ve» que su cliente está apresurado o para que un ordenador elija ejercicios más sencillos cuando un estudiante demuestra claras dificultades para responder a las cuestiones que se le presentan.

Volviendo al automóvil, la ciencia conoce varios factores que influyen sobre el placer de conducción. La velocidad del coche, el tipo de carretera, la arquitectura y geometría de las suspensiones... El placer de conducir es una de aquellas experiencias que todos podemos identificar pero que no es fácil de definir.

Y mucho menos de cuantificar. Para esta tarea se han utilizado dos coches: el Mercedes 190E del 1983 y un Mercedes Clase C de 2007 (nueva generación), que han sido probados por ocho personas de los dos sexos, de edades entre 33 y los 53 años. Las pruebas tuvieron lugar en circuito cerrado, donde los «conejillos de Indias» condujeron en diferentes tipos de recorrido: calles estrechas y sinuosas, tramos de autopista y carreteras de montaña. El registro de datos fijaba la velocidad de cada vehículo, las aceleraciones longitudinal y lateral y todo un conjunto de datos relativos a la posición de cada coche.

Para establecer un paralelismo entre el vehículo y la reacción del ser humano se utilizaron el reconocimiento de la expresión facial y el análisis vocal a través de cámaras que grabaron las expresiones faciales del conductor. En total, se han podido analizar más de un millón de fotografías.

Debidamente equipado con un software específico, el ordenador mide 140 elementos en cada rostro, lo que le permitió «entender» cuando el conductor sonreía (frecuentemente en curvas durante las que los labios se aproximan de las orejas). La intensidad de cada expresión también pudo quedar grabada, lo que permitió diferenciar los grados de emociones como la rabia, el pesar, el miedo, la diversión o la sorpresa. Los registros de disfrute por encima de niveles predefinidos se interpretaron como puro placer de conducción.

De forma resumida, el rostro de los conductores dibujaba un sonrisa más veces y por más tiempo cuando éstos estaban al volante del nuevo Clase C y la diferencia en este indicador de placer de conducción tuvo una variación de un 48%, entre conductor y conductor. Es curioso que los más expertos apreciaron bastante el «viejecito» 190E como quedó claro, por ejemplo, cuando la trasera del vehículo deslizaba en curvas cerradas. En dicha situación, los automovilistas menos expertos se han mostrado más sorprendidos o recelosos que deleitados y sus registros mostraron una clara preferencia por el Clase C, equipado con control de estabilidad.

Otro método para probar y medir las emociones de modo objetivo fue el análisis del discurso, ya que el tono de voz se altera de acuerdo con el estado de ánimo de la persona. Un programa informático identificó hasta la más sutil variación. El estudio se hizo por teléfono, a través del cual los conductores describían sus sensaciones.

Observando los resultados de este último proceso, es posible afirmar que quien condujo el Clase C tenía un estado de ánimo positivo -o sea, sentía placer al volante- en un 72% de los tramos efectuados. Exactamente el doble del registrado con el 190E.

Como afirma Goetz Renner, Director de Investigación de Mercedes, «lograr una sensación de deportividad es relativamente fácil, pero el listado de ingredientes para generar un sentimiento de confort depende de un delicado equilibrio. El verdadero arte está en combinar, en la justa proporción, deportividad y confort».

La expresión facial es un indiscutible indicador de emociones desde que el psicólogo americano Paul Ekman presentó sus estudios en este área. Ekman identificó 43 músculos faciales que reaccionan con movimientos inconscientes y autónomos que siempre siguen el mismo patrón. Con base en estos presupuestos, la Universidad Técnica de Munich creó un proceso para interpretar la expresión a través de un programa informático. Con él analizó las emociones en diferentes situaciones, como al volante de un coche.

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