12 febrero 2016

Partida de póquer sin un céntimo sobre la mesa

Bush, Olmert y Abú Mazen han iniciado una partida de póquer sin poner un céntimo en la mesa, advertía el prestigioso comentarista israelí Uri Avnery tras la conferencia de Annapolis a finales de noviembre. 

Allí israelíes y palestinos se comprometieron a acabar con la violencia, a construir un Estado palestino que viva en paz y seguridad junto a Israel, a negociar de buena fe un tratado que ponga fin a todas sus diferencias, a celebrar el primer encuentro del comité negociador el 12 de diciembre, a concluir el tratado de paz a finales de 2008 y a ir aplicando hasta entonces la llamada Hoja de Ruta pactada en 2003.

Los más de 5.000 millones de euros prometidos ayer en París por los representantes de 68 países y de unas 20 organizaciones (1.300 millones más de los solicitados por los dirigentes palestinos) apenas llegarán para pagar la deuda y los gastos corrientes de los palestinos. La financiación de la paz sigue pendiente. En realidad, la ayuda prometida es poco más de lo que han venido recibiendo anualmente desde que se inició el proceso de Oslo a comienzos de los 90. La grave crisis en los territorios palestinos no se resuelve con dinero, pero sin dinero el conflicto dejaría de ser una crisis y se convertiría en un infierno.

La UE ha comprometido 440 millones de euros sólo para 2008 y EEUU, 380 millones de dólares. Alemania, Francia, Italia, el Reino Unido, España y Kuwait, unos 100 millones de euros por año cada uno, y Japón algo menos de la mitad. Con ese dinero y otro tanto del resto del mundo, Abú Mazen y el actual jefe de su Gobierno, que sólo controlan una parte de Cisjordania, podrán pagar los sueldos de unos 150.000 funcionarios, la mitad de ellos miembros de las distintas Fuerzas de Seguridad. Para que este esfuerzo sea algo más fructífero que los anteriores, es imprescindible superar el abismo que sigue separando a Hamas, dueña de Gaza, y a la Autoridad Palestina. Para Hamas, todo depende de la presión de EEUU sobre Israel.

El 80% del millón y medio de palestinos de Gaza (y el 40% de todos los palestinos) vive hoy de la limosna internacional. Según la ONU, desde 2000 el PIB por habitante en los territorios ha caído un 40%. Sin el levantamiento de los más de 500 controles levantados por Israel en Cisjordania y del embargo impuesto a Gaza tras la victoria de Hamas en junio, toda la ayuda será inútil. Si Hamas se empeña en no reconocer a Israel ni los acuerdos de la Autoridad Palestina con los israelíes, y sigue aprobando los ataques con cohetes o suicidas, seguirá el bloqueo. 

El incumplimiento de los compromisos anteriores, la gravedad de las dificultades (Jerusalén, asentamientos, fronteras, agua, seguridad y refugiados), la debilidad de los protagonistas, la posición de Hamas -que considera la conferencia de ayer otra declaración de guerra- y el escepticismo de israelíes y palestinos explican el pesimismo general.

Sin ignorar ninguna de esas dificultades, Tony Blair, representante del Cuarteto, ofreció ayer tres razones para la esperanza, por frágil que sea: los compromisos de Annapolis, el actual liderazgo palestino y el plan de reforma y desarrollo presentado por el jefe de Gobierno, Salam Fayad, a quien todo el mundo respeta. «Los tres elementos forman una estrategia nueva que debemos apoyar, pero son sólo un principio», reconoció Blair.

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