Actitudes sospechosas

De los estudios policiales se desprende que Bretón es un «mentiroso, frío y manipulador». Y redactan varias pruebas. Una: que el día 15 de octubre llama a un amigo y le dice que «no se fía de Ruth, que él no había estado con otra persona antes y que no tiene ganas de mujer». No pasan 24 horas cuando José hace otra llamada, ésta a una mujer: Conchi. Le dice que se está acordando de «hace 14 años, cuando ella le rechazó un beso porque tenía un flemón, que se le acelera el corazón al recordar las pocas vivencias que tuvieron juntos y que si le puede acompañar un día a su casa». Quedan para verse en dos días, José no le dice nada de la desaparición de sus hijos. Pero justo ese día la Policía se lo lleva para registrar Las Quemadillas. Bretón pide un segundo para hacer una llamada: «Hoy no podemos quedar porque estoy colaborando con la Policía».

También «falta a la verdad» José Bretón en sus declaraciones, según el juez. A las 12:30 h. del 9 de octubre, la Policía decide dejar por escrito sus sospechas. Bretón detalla la pérdida de sus hijos con una actitud sospechosa. Tal es así, que el Grupo de Incidencias de la Comisaría lo plasma en un documento que hacen llegar al juez: «Una vez los funcionarios se entrevistan con Bretón, pueden comprobar cómo presenta una actitud no acorde con los hechos acaecidos, no mostrando sentimiento afectivo de ningún tipo, relatando los hechos como si hubiera perdido un objeto».

Esa «falta de afecto» es también comprobada en los reconocimientos policiales a los hermanos, Rafael y Catalina, y a la propia madre. Siendo la más llamativa la de Catalina, que incluso «hurga en el bolso mientras está declarando, como signo de nerviosismo o falta de respeto a la autoridad. Como si no le diera importancia a los hechos», se sorprenden en comisaría.

Tampoco dan crédito a lo que ocurre al poco de la desaparición de los pequeños, cuando los Ortiz tratan de ponerse en contacto con los Bretón. Es Obdulia, la madre de Ruth, quien levanta el teléfono «para saber algo más» y sólo recibe una advertencia: «Que todo está en manos de la Policía»; y un deseo de los Bretón: «Que Dios les ayude».

La Policía, con estas informaciones, se pone a indagar con carácter de urgencia. Comienzan a levantar actas de declaraciones. A las 48 horas, escuchan algo sospechoso. Bretón llama a su hermano para interesarse: «¿Te han sacado algo [en la declaración policial]?». A lo que Rafael responde con una batería de negaciones: «No, no, no».

En otra asombrosa escucha, tras 11 días sin los niños, su abuela paterna revela a su amiga María: «¿Cómo van a aparecer los niños? Esto es mu raro, mu raro, ¿eh?».

En todos los registros en los terrenos de los Bretón, la Policía transcribe actas que provocan escalofrío. Insisten en buscar ahí, y no descartan nuevas visitas, porque han descubierto que desde que Ruth plantea la separación hasta el día que desaparecen los niños, Bretón visita «esa finca al menos 11 veces». Y porque un testigo sitúa «sin ningún género de dudas» a José en esa finca «en torno a las 11:15 o 11:20 horas» del 8 de octubre, cuando José mantiene que «esa mañana estuvo con los niños en casa de su hermana Catalina», como ella ratifica.

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