07 mayo 2012

Madonna consume morfina

La primera vez que asoma la cabeza Madonna en Todos te quieren cuando estás muerto es para explicar qué se siente al estar colocada de morfina. «Soy muy divertida cuando voy de morfina», cuenta. «Por lo menos eso creo. Pero no lo soy cuando voy de vicodina». No es habitual que una estrella como ella hable abiertamente sobre drogas -o sobre sexo, como un poco más tarde hace Christina Aguilera, al considerar que Britney Spears se comportó como una falsa ridícula al afirmar que llegaría virgen al matrimonio-, pero estas son las cosas que consigue Neil Strauss cuando entrevista a los famosos. Como el tiburón, huele la sangre, se dirige hacia su presa y muerde.

Biógrafo de las celebridades con más chicha -Mötley Crüe, Marilyn Manson, la (ex) reina del porno Jenna Jameson-, Strauss es también la firma estrella de Rolling Stone -y del New York Times, Village Voice, etc.-. Su trabajo es pasar una semana con sus entrevistados, compartir horas, ir de viaje con ellos -o a comprar pañales, como con Snoop Dogg-, salir de fiesta y sacarles toda clase de información. «Penetrar en el interior de su alma», como dice él, un detalle que no siempre acaba apareciendo en los textos finales, pero que a veces, sin que nadie se percate, sí queda conservado en algún margen de las notas manuscritas y en las cintas.

«Tras publicar dos libros como El método (editado en España por Planeta) y Emergency, que me llevaron mucho tiempo de documentación, quise hacer un libro rápido, una antología de mi trabajo periodístico», explica Strauss desde su oficina en Los Ángeles, después de desayunar. «Pero busqué lo mejor y no me pareció que tuviera nada bueno para sacar en una antología. Nada especialmente divertido ni prominente. Pero sí que tenía mucho material que no entró en las versiones finales de los textos que enviaba a las revistas, por diversas razones, y en los que, accidentalmente, a la persona se le caía la máscara y aparecía por un momento su verdadera personalidad, y decidí rescatar y reordenar todos esos momentos especiales».

Todos te quieren cuando estás muerto -que acaba de llegar a las librerías en la traducción de la joven editorial Contra- es un grueso volumen de 600 páginas que exuda morbo línea a línea y que lleva el subtítulo de Viajes al interior de la fama y la locura. «He entrevistado a algunos locos, locos genuinos, gente que cree que ha nacido en Marte, como ?, de ? and The Mysterians, o que viene del futuro. Esos son mis favoritos. Son muy ingenuos en lo que dicen, resultan cómicos, pero te enternecen, son adictos a su propia locura», prosigue. «Pero a las grandes estrellas no creo que les enloquezca la fama. Lo que hace es trastocarles el cerebro de una manera irreversible. Como me decía Bruce Springsteen, es un azote mental: no es fácil pasar de tocar en un garaje a hacerlo en un estadio ante miles de personas. Algunos no saben adaptarse, y ese cambio magnifica sus miedos, destapa todas sus inseguridades y los problemas de infancia se agudizan».

Neil Strauss no es un carnicero de la prensa rosa que busque desmembrar a su presa a golpe de preguntas comprometidas. Escribe perfiles e intenta conocer a sus entrevistados, y de vez en cuando llega el premio gordo, cuando afloran en la conversación temas como las drogas, el sexo y traumas de todo tipo. Por ejemplo: Omar Rodríguez-López, del grupo At The Drive-In, le confesó que fue víctima de un incesto de pequeño; nunca antes se lo había dicho a nadie. Ben Stiller, por su parte, se le reveló como un paranoico patológico que no se fía ni de su sombra y cree que todo el mundo le mira mal. A Lady Gaga le hizo llorar delante suyo al recordarle su primer y verdadero amor, el que le rompió el corazón cuando aún no era la diva excéntrica que es hoy.

«Cuando salen estos temas, los famosos son cautos, negativos o cínicos», detalla Strauss. «Yo nunca les pregunto directamente, nunca hay que mostrar desesperación. Normalmente son ellos los que sacan el tema en algún momento, a veces sin querer, y entonces aprovecho para tirar del hilo».

El libro está organizado como una colección de viñetas a partir de líneas temáticas -no sólo sexo, sino también amor, muerte, éxito, dinero, odio-, y los participantes son dispares, todos ellos celebridades del más alto nivel, de Paris Hilton a Prince, y de Courtney Love a U2 y Bruce Springsteen. Incluso agentes de la CIA involucrados en programas de espionaje psíquico. Gente que ha pasado horas y días delante de su grabadora y acaba por tomar confianza y ablandándose.

«Hay veces en que consigues que se abran ante ti, pero el resultado final siempre es incierto», precisa. «Es gente que está muy protegida, a veces muy bien asesorada por sus publicistas. Nunca sabes si les estás haciendo de psicólogo o te utilizan para dar una imagen cercana. Muchas veces acabamos despidiéndonos como amigos, pero es una amistad falsa, interesada, y no se prolonga en el tiempo».

Pone el ejemplo de Skrillex, que ocupa la portada del número de marzo de Rolling Stone -y que, por tanto, no aparece en el libro, editado en Estados Unidos hace exactamente un año-. Skrillex es la última gran estrella que ha aparecido en el firmamento musical dance, un DJ con look emo -una especie de Marilyn Manson de metro y medio que pincha tsunamis de dubstep- responsable de devolver la energía a la música de baile en América. «Pasé con él 10 días. Íbamos a fiestas, me trataba como un amigo, conocí a su novia, y creo que buscaba el artículo más complaciente posible. Había algo falso. Pero un día le pregunté por sus cicatrices. Tiene cicatrices en la cabeza, sufrió acoso en el instituto, violencia, y esas cicatrices le avergüenzan. Es su gran debilidad, la razón por la que le cuesta posar en las fotos. Se rapó un lado de la cabeza para combatir la vergüenza, pero aún es su punto débil».

Strauss admite que hay que picar mucha piedra antes de conseguir que caiga la fachada y salga algo divertido, honesto o escandaloso del personaje. Cuando lo consigue quedan fragmentos como los del libro, un texto esencial para quien busca el barro, pero también la humanidad que hay detrás de los millones de dólares, las mansiones, la adulación y los chutes de botox. «Todos tienen corazón, pero a veces está muy escondido».

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TOM CRUISE

«Algunas personas, bueno, si no les gusta la Cienciología, bien, entonces que te den. En serio [apuntando un dedo hacia el enemigo imaginario]. Que te den por culo. Punto».

LEONARD COHEN

Strauss comenta algo sobre una web de películas. La respuesta de Cohen es ésta: «Algunos de los canales pornográficos también son increíbles».

LADY GAGA

«Me asusto cuando pienso en mí tendida en aquel apartamento de Nueva York, repleto de cucarachas y espejos de cocaína por todas partes».

DAVID BOWIE

«Fui el primer artista en hacer versiones de la Velvet. Conservo todavía el disco de acetato con la firma de Warhol. ¿No es genial?».

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